Dicen que los encuentros más importantes de la vida suceden cuando dejas de buscar. Así empezó lo nuestro: en el momento más inesperado, dos caminos se cruzaron sin más pretensión que la de coincidir, y lo que comenzó como un chispazo casual se transformó en una conexión profunda, orgánica y llena de verdad. En tan solo un año hemos aprendido a recorrer el mundo de la mano, a construir un hogar día a día y a consolidar un amor sólido que no necesita de artificios para brillar.
Y entonces llegó París. Con la majestuosa Torre Eiffel como testigo silencioso y la luz de la ciudad envolviéndonos por sorpresa, Marco se arrodilló para pedirme que este viaje fuera para siempre.
Hoy queremos invitaros a ser testigos del siguiente y más bonito capítulo de nuestras vidas.
Nuestro Camino